Privados de Mérida enfermos y sin familia convalecen en la “celda de la iglesia”

Privados de Mérida enfermos y sin familia convalecen en la “celda de la iglesia”

Nora Sánchez, Equipo UVL, Mérida

Durante el primer semestre de 2018 en Mérida se registraron tres privados de libertad fallecidos, dos de ellos recluidos en calabozos de Polimérida en la ciudad de El Vigía, municipio Alberto Adriani y uno en los calabozos de la Policía Municipal de Libertador, jurisdicción capital de Mérida.

Las causas de los fallecimientos fueron deficiencias respiratorias, originadas presuntamente por tuberculosis y desnutrición que derivan neumonía, según señalaron los familiares de estos reos quienes a pesar de las dificultades económicas pudieron darle cristiana sepultura a sus deudos.

Aunque los tres privados de libertad fallecidos en Mérida durante el primer semestre de 2018 tuvieron deudos que se encargaran de sus cuerpos y recibieron cristiana sepultura, en los retenes policiales existen celdas en la que se encuentran los reos enfermos y que no tienen referentes familiares, es decir, familiares cercanos.

La “celda de la iglesia”, llamada así por los privados de libertad, al pequeño espacio donde permanecen los reos enfermos -que si bien tienen familia, la misma no está tan cerca de ellos para hacerse cargo de su enfermedad una vez que son llevados a centros de salud- es como un espacio de protección de esos reclusos enfermos. Solo estando allí y conociendo la situación, tienen más atención de los funcionarios policiales para cuando se presente alguna emergencia.

No hay rituales entre los privados de libertad para despedir a algún compañero fallecido. La indiferencia neutraliza los sentimientos de lástima o dolor que puedan aflorar con la muerte de algún privado y muestra de eso es colocar al enfermo frente a la reja, tocar muy fuerte para que los funcionarios policiales en enteren y darse la media vuelta para seguir su vida dentro de los oscuros y húmedos calabozos.

Las historias

En la ciudad de Mérida, específicamente en los calabozos de la Policía Municipal de Libertador estuvo recluido Yirson Gutiérrez de 39 años de edad, penado por cometer el delito de robo de material estratégico.

Gutiérrez murió la madrugada del martes 10 de abril de 2018 al presentar problemas gastrointestinales, presuntamente por desnutrición, y además la infección respiratoria conocida como neumonía.

Funcionarios de la Policía Municipal de Libertador dijeron que a Yirson Gutiérrez pocas veces su familia le llevaba comida. Aseguraron que tenía familiares en Mérida pero fueron muy pocas las oportunidades en las que le suministraban alimentos.

A pesar de ello, sus familiares lograron reunir el dinero para hacerle el sepelio y si no hubieran tenido recursos, funcionarios de la Policía Municipal de Libertador señalaron que la institución hubiera buscado ayuda a través de la dirección de Desarrollo Social de la Alcaldía del municipio Libertador, para la donación del ataúd y cubrir el costo de todo lo referido a la sepultura.

Aunque de Yirson Gutiérrez algunos privados de libertad dijeron que murió por tuberculosis, el acta de defunción señala que la causa del fallecimiento fue neumonía y se le constató un elevado grado de desnutrición.

Reos indiferentes ante enfermedades de otros

En la ciudad de El Vigía, municipio Alberto Adriani del estado Mérida murieron en enero y febrero dos privados de libertad recluidos en el retén de Polimérida de esa jurisdicción.

En enero de 2018 falleció por deficiencia respiratoria un reo de 28 años de edad a quien además se le detectó Virus de Inmunodeficiencia Adquirida (VIH).

En febrero de 2018 murió otro recluso, de 36 años de edad, por deficiencia respiratoria y ante la enfermedad del mismo, el resto de los compañeros fueron indiferentes. A decir de algunos funcionarios policiales, los privados de libertad son algo insensibles en cuanto a enfermedades y fallecimientos se refiere, aunque son quienes literalmente colocan al enfermo en la puerta de las celdas para que reciba atención médica.

Aun cuando los privados de libertad están bajo la responsabilidad de los funcionarios policiales, los mismos no ingresan constantemente a los calabozos, por lo que la manera de informar de algún compañero enfermo es a través de los mismos privados quienes gritan o señalan que hay un compañero enfermo y constatan si su estado de salud es grave.

Si el privado de libertad ha recibido atención médica, pero su estado de salud sigue siendo delicado, los reclusos deciden llevarlo hasta la reja que da acceso a los calabozos para que los funcionarios policiales procedan a brindarle la asistencia de salud requerida.

Caso cerrado

En Mérida cuando muere un recluso la defunción es notificada por el organismo policial al tribunal que llevaba su causa y el mismo cierra el caso por no existir ya a quien acusar. Una vez que muere el privado de libertad, el tribunal deja de tener interés jurídico sobre esa persona.

En los tres casos registrados de privados de libertad fallecidos en el primer semestre de 2018 sus familiares costearon los gastos del sepelio, a pesar de que los mismos superan los 400 millones de bolívares.

Aunque los familiares dijeron no tener recursos económicos para ese gasto extra, lograron reunir el dinero y darle el último adiós a sus difuntos. Sin embargo, las autoridades policiales señalaron que ante la escasez de recursos de los familiares y la imposibilidad de costear el sepelio, están en la obligación de conseguir ayudas en las alcaldías y donaciones que permitan que el privado de libertad reciba cristiana sepultura.

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