Mérida: Con un cigarrillo paga el privado de libertad una llamada telefónica a su hijo

Mérida: Con un cigarrillo paga el privado de libertad una llamada telefónica a su hijo

En los 14 Centros de Detención Preventiva (CDP) que hay en el estado Mérida y entre los más de 700 privados de libertad que albergan los calabozos de Polimérida, hay cientos de padres a quienes les duele que sus hijos no los visiten con frecuencia.

La última vez que los reos pudieron ver a sus hijos fue en el mes de marzo de 2018 cuando a través del plan de humanización de los CDP, el organismo policial organizó una fiesta infantil en la que niños, niñas y adolescentes tuvieron contacto personal con sus padres, a quienes vieron en los patios de las sedes de los diferentes centros policiales.

Alberto Rangel paga una condena de cinco años en los calabozos del retén policial de Glorias Patrias, ubicado en la ciudad de Mérida y donde hay 265 personas privadas de libertad.Su delito fue matar una vaca, es oriundo de Mucuchíes, municipio Rangel del estado Mérida y tiene dos hijos, un varón de 15 años de edad y una niña de 9 años.

Tras ocho meses recluído en el retén, Alberto pudo ver y abrazar a su hijo de 15 años en la fiesta infantil organizada por Polimérida y a él le faltaron minutos para seguir abrazándolo, pues dijo que “el tiempo pasó volando”. Su niña de 9 años de edad no pudo llegar hasta el comando policial ese día “por problemas del transporte”, ya que debe recorrer más de tres horas de camino para llegar a Mérida.

Este será su primer día del padre sin sus hijos y aunque en libertad no era nada extraordinario lo que hacía en la fecha, ahora extrañará los abrazos de sus hijos, su presencia en la mesa, en toda la casa, sus ocurrencias y el cariño demostrado con diferentes acciones propias de la cotidianidad de un hogar campesino del páramo merideño.

Ellos quieren verlos más seguidos

El distanciamiento hace mella en la esperanza de ver a los hijos, así lo cree Alberto quien paga con un cigarrillo o una arepa la llamada telefónica en la que escasamente alcanza a decir: “soy tu papá, llámame a este número”. Mientras espera que le devuelvan la llamada, Alberto piensa cada una de las palabras que le dirá a su hija de 9 años.  A ella tiene poco más de ocho meses que no la ve y a quien más llama porque aseguró que por ausencia, el rendimiento escolar de la niña no es el mismo.

“Quisiera compartir con ella más tiempo, verla más seguido, también al niño”, dijo Alberto al tiempo que sus ojos se llenaron de lágrimas con las que pidió que los hijos puedan visitar a sus padres privados de libertad. “Puede ser aquí en el patio, cada semana, o cada quince días, pero que nos permitan ver a nuestros hijos, no lo digo por mi, lo digo por todos los que están en las mismas condiciones que yo”, sugirió Alberto Rangel,  quien en ocho meses privado de libertad ya padece de enfermedades de la piel como escabiosis.

Las mujeres que visitan a sus hijos, esposos o compañeros sentimentales, también quieren que les permitan a los privados de libertad compartir con sus descendientes

 Sus afectos están en Zulia y Nueva Esparta

“Fue un encuentro como de dos horas, pero a mi el tiempo se me hizo muy corto y sentí que apenas las vi dos minutos”, dijo César Uzcátegui, privado de libertad de 52 años, al recordar que vio a sus niñas de 3 y 9 años el 28 de diciembre de 2017.

César tiene tres años detenido. Convive con 36 hombres más en una celda pero en realidad hay 60 personas privadas de libertad en el retén policial de Ejido, municipio Campo Elías del estado Mérida. Es oriundo de Casigua El Cubo, municipio José María Semprun del estado Zulia, de allí es toda su familia y allí residen cinco de sus seis hijos. Uno de ellos es mayor de edad, dos son adolescentes y tres son pequeños de 3, 4 y 9 años de edad. El varón de 4 años vive en el estado Nueva Esparta.

Aquel 28 de diciembre cuando las autoridades policiales permitieron la visita de los hijos de los reclusos, gracias a la intermediación de la iglesia evangélica, César conoció a su pequeña hija de tres años a quien no vio nacer porque mientras su compañera sentimental estaba embaraza fue detenido. Ese día de los Inocentes César Uzcátegui sintió una emoción muy grande, tan es así que aún llora al recordar el encuentro.

“Fue una gran emoción, ese día conocí a la niña de tres años y vi a la de nueve años. A las dos las abracé, besé, yo no sabía qué hacer”, relató para decir que por el contrario, a su hijo de cuatro años, quien reside en Margarita, tiene 34 meses sin verlos.

“La mamá del niño vino a Mérida en una oportunidad y me lo trajo, pero desde hace meses no me logro comunicar con ella y no sé nada del niño”, dijo César quien mantiene comunicación sólo vía telefónica con sus otros hijos y el mayor de todos lo visita eventualmente cuando tiene recursos económicos con los cuales viajar desde Casigua El Cubo en el estado Zulia, hasta la localidad de Ejido en el estado Mérida.

 Piden a Dios que los sigan queriendo

En medio del encierro en el que pasan sus días, los privados de libertad como Alberto Rangel y César Uzcátegui piden a Dios que sus hijos los sigan queriendo “como nos han querido hasta ahora”. A ese clamor se suma John Fernández, de 29 años de edad, quien se encuentra recluido en el retén de Glorias Patrias y sus hijos viven en Tovar, municipio Tovar del estado Mérida.

Estos padres no quieren perder el vínculo con sus hijos mientras pagan su condena por lo que coinciden en que la prohibición de visita de los hijos y menores de edad debe cambiar. “Acá (en el CDP) pueden habilitar un espacio para la visita de nuestros hijos, no tienen que entrar, pero que permitan que vengan a vernos más seguido, si nos permitieron hace dos meses que los viéramos y compartiéramos con ellos en el patio, ¿por qué no hacen eso más seguido?, ¿por qué no hacen que la visita con nuestros hijos sea allí en el patio aunque sea una vez al mes?”, se preguntó Alberto Rangel.

Anhela un regalo atrasado

En los CDP del estado Mérida está prohibida la visita de menores de edad y aunque para este día del padre que se celebra el 17 de junio no les han informado de alguna jornada especial para compartir con sus hijos, hay quienes esperan recibir un regalo atrasado.

Es el caso de César Uzcátegui quien suma tres años privado de libertad y el próximo 19 de junio acudirá a la audiencia de conclusiones de su caso en la que espera le dicten libertad plena.“Quiero que ese sea mi regalo del día del padre, mi libertad para estar con mis hijos, recuperar el tiempo perdido en medio de estas cuatro paredes y sentir que su amor hacia mi no ha disminuido”, dijo el hombre de 52 años quien se declara inocente del delito de tráfico de droga.

Equipo UVL

En el retén policial de Glorias Patrias hay padres que pudieron disfrutar de la presencia de sus hijos un par de horas hace dos meses

 

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