Falta de alimentos golpea a calabozos policiales Carabobeños: “Yo traigo la comida que puedo”

Falta de alimentos golpea a calabozos policiales Carabobeños: “Yo traigo la comida que puedo”

El drama a diario de proveerles los alimentos a los detenidos en los comandos policiales, preocupa a los familiares y a muchos de los funcionarios de los cuerpos de seguridad en varios reclusorios del estado Carabobo. Sus rostros lo reflejan cuando hablan sobre el tema, incluso en ocasiones las lágrimas se asoman mientras relatan sus vivencias.

Las imágenes de madres, esposas y parientes en general con bolsas de plástico con lo que puedan llevarle a sus detenidos es una constante que representa a una minoría. Son más las que no pueden cumplir con la labor de alimentar a quienes están tras las rejas.

Los funcionarios policiales también muestran preocupación por lo que sucede. Ellos ven la precariedad de las condiciones en la que se encuentran los detenidos, conocen la escasez de comida que hay en los comandos, observan lo que padecen algunos presos a quienes sus familiares no pueden llevarle la provisión de alimentos ni dinero para que paguen a otros por algún trozo de pan o una arepa.

Lo que ocurre en ciertas celdas es que también se ha generado una suerte de solidaridad entre detenidos que comparten lo que consiguen para comer en el día.

Policía Municipal de Valencia

En la estación policial de la Municipal de Valencia, ubicada enfrente de la plaza Bolívar en pleno centro de la ciudad, los familiares pueden entregar el almuerzo a los detenidos desde las 12 del mediodía, por una pequeña ventana al lado del portón amarillo de la sede.

“Yo traigo la comida que puedo. Tener a un hijo preso en medio de esta crisis donde cuesta tanto conseguir y comprar la comida es en verdad muy fuerte, es una situación delicada. Hay que hacer como magia para rendir la plata y la comida. Hoy traigo arroz y caraotas rojas que me vendieron en mi barrio, aparte de un pedacito de torta que me regalaron en la casa donde trabajo limpiando”, contó una madre, que prefirió el anonimato y que esperaba bajo el sol que el reloj marcara las 12 para que abrieran la ventanita y enviar la bolsa a su hijo detenido allí.

“En mi caso preparé alitas de pollo y dos arepitas, pero eso es así, sin queso, sin mantequilla. También traigo tres mil bolívares porque otros presos a veces venden un pedazo de pan canilla, entonces mi hijo me pide efectivo que ahora hay que caminar y caminar hasta encontrar dinero en algún cajero o banco”, dijo Luisa, también madre de un detenido en el mismo cuerpo policial.

“Mi bolsita trae un envase con arvejas, arroz y agua porque ellos pasan sed a veces allí”, mencionó otra mujer, de  nombre Carmen,  que secaba su sudor con una toalla pequeña, mientras alzaba la mirada como buscando a su familiar a través del portón cerrado.

Los consultados aseguraron que ahora enfrentan un problema más: la falta de transporte para trasladarse hacia esa zona céntrica y el aumento de las tarifas en los vehículos que suplen a los buses y busetas. Todo les encarece el proceso de llevarles la comida a sus parientes.

Funcionarios de la estación de Plaza Bolívar –donde permanecen 140 detenidos- comentaron que los días miércoles con frecuencia acuden representantes de la iglesia evangélica Maranatha para llevar comida preparada a los detenidos cuyas familias no son de Valencia o no pueden llevarles por falta de dinero.

“Ellos hacen como una labor social a favor de los presos. En verdad algunos están muy flacos, delgaditos, quizás inclusive desnutridos”, narró una fuente del comando. Dijo que es preciso que más organizaciones de ayuda social asistan a los detenidos porque muchos no tienen quien les lleve comida.

De acuerdo al testimonio de los familiares consultados, los detenidos no siempre cuentan con acceso al agua, los recipientes donde les llevan la comida son  de plástico, no hay muchas condiciones de higiene para lavar las viandas o cubiertos; sin embargo, los aprehendidos consiguen preparar algunos alimentos de fácil cocción –suponen sus familiares que con permiso de los policías que se compadecen de la crisis de hambre en los calabozos- según explicaron.

Policía de Carabobo

En el caso de la Comandancia General de la Policía de Carabobo, ubicada en la calle Navas Spinola de Valencia, la situación es similar aunque el detalle diferente es que los familiares pueden entregar la comida durante todo el día, inclusive si quieren ir las tres veces del día, pueden hacerlo.

Debajo de unos árboles esperaban dos mujeres, madre e hija que llevaba el almuerzo y la cena a su familiar detenido allí. En cada vianda un alimento distinto: arroz, frijoles, sopa (en dos potes) y una botellita de agua mineral.

“Le traemos para dos comidas y siempre que podamos incluimos un poco más porque sabemos que otros presos le piden comida”, indicó María Pacheco.

“Yo vine hoy con algo de comida para mi esposo pero tenía cuatro días sin poder venir, estaba enferma y sin dinero. La verdad no sé si pudo o no comer en estos días porque allí no le dan comida”, destacó Carolina que debe pagar tres pasajes de ida e igual número para volver a Los Guayos donde vive.

“Mi hijo está más flaco, yo vengo unos dos días a la semana pero es que no puedo estar viniendo y abandonando mi trabajo, aparte no hay mucha comida en la casa, así que dígame que le voy a traer”, refirió Lucía, otra madre que llegaba con sus envases a medio llenar.

“Yo debo darle de comer a tres hijos y tres nietos, además de mi esposo y yo y ahora tenemos este problema del hijo preso. El dinero no alcanza, por más que uno deje de comer muchas cosas, el dinero no alcanza”, añadió.

Tibisay Romero

 

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