En Polimonagas cobran “vacuna” para pasar alimentos a presos

En Polimonagas cobran “vacuna” para pasar alimentos a presos

Ahora, a los privados de libertad se les prohibió el consumo de frutas como la patilla, el cambur o la naranja, porque la directiva de la Policía asegura que con esto preparan “guarapita”

Maturín.- La crisis alimentaria que atraviesa Venezuela desde que Nicolás Maduro asumió las riendas del país también ha afectado a la población reclusa, pero la imposición de reglas que no forman parte de las normas internas de los centros de reclusión preventiva ha contribuido con que los privados de libertad pasen hambre.

Un ejemplo es lo que ocurre en la Policía del estado Monagas, principal centro de detención preventivo en este estado oriental, ubicado en la avenida Bella Vista, al oeste de Maturín; con 459 detenidos, 379 más de su capacidad instalada. Allí, los familiares denunciaron a Una Ventana a la Libertad que desde hace un par de meses se está cobrando “vacuna”, como una especie de importe, para permitir el ingreso de los alimentos a los detenidos.

Se trata de un monto que varía entre 20.000 y 25.000 bolívares, dependiendo del funcionario a quien le toque revisar la comida que ingresa a los calabozos; a veces se les pide la mitad de la vianda que será entregada, limitando las porciones a los reclusos.

En promedio la familia debe guardar 175.000 bolívares semanales, 700.000 al mes, para pagar la cuota cuando sea solicitado por el policía. El gasto se suma a los habituales: cesta básica, transporte y medicinas.

Vilma Pérez, nombre escogido por la esposa de un detenido hace nueve meses por hurto para denunciar esta realidad, expone que esta irregularidad se presenta desde hace dos meses y medio. Cuando conversó con esta organización no gubernamental, estaba rodeada de otras tres mujeres que la respaldaron en su declaración.

Pérez asegura que el dinero debe ser entregado en efectivo, algo imposible de obtener desde hace tres meses en la capital monaguense; se le da en las manos del funcionario luego de revisar las bolsas transparentes en las que ahora debe ingresar la comida.

“Es una situación indignante y que nadie atiende, imagínate como está la corrupción allí adentro”, cuestiona con un tono de preocupación, pues ese día no les habían permitido pasar la comida. Tenían dos horas esperando el ingreso, algo que ocurre tres de los siete días a la semana, según menciona.

Desnutrición

Los familiares consultados para este trabajo coinciden en que el cobro de vacuna ha contribuido con la pérdida de peso de los privados de libertad cuando es la comida lo que quitan. Muchas veces, las madres o esposas llevan raciones pequeñas y estas se vuelven nada al pasar por las manos de los funcionarios.

Rosa Mujica, otro nombre protegido por seguridad de la madre de un joven de 22 años, refiere que cuando la comida ingresa a los calabozos debe ser compartida. Ningún detenido puede comer solo, pues es obligatorio que sus compañeros prueben algún bocado; entonces, el alimento se reduce a tres cucharadas por interno.

“Mi hijo está en una celda como con 20 hombres, la vianda se rota de mano en mano y a veces alcanza a probar dos cucharadas, tres cuando mucho. Me duele verlo, porque ha perdido peso, cuando ingresó tenía 70 kilos y ya va por 50”, detalla la mujer de 65 años, quien limpia casas para mantener a su familia.

Su muchacho tiene tres meses recluido en Polimonagas. En ese tiempo ha redoblado el trabajo para, además, pagar los pasajes adicionales para llegar hasta la comandancia policial. Destina 800 bolívares para ir de su casa hacia el centro de reclusión y otros más para llegar a la casa donde le toque limpiar.

Cuando no consigue dinero extra, no le lleva el almuerzo y la cena. Los presos no desayunan. Mujica dice que esto es frecuente en ese centro de detención; calcula que de cada 10 familiares a ocho les pasa lo mismo, “por eso es que los presos están flaquitos, blancos como un papel y se desmayan a cada rato. Eso es horrible adentro, cuando tu entras solo los escuchas gritar que tienen hambre”, relata.

Una fuente interna en el centro de detención reveló que al menos 15 reclusos están desnutridos, sus familiares residen en otros municipios y estados del país, como Bolívar. Sostiene que cuando no vienen a visitarlos se quedan sin comer, pues la Policía no tiene recursos económicos para alimentarlos.

Recientemente, el ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Néstor Reverol, visitó Maturín para entregar radipatrullas a los cuerpos de seguridad. Al ser consultado sobre las condiciones de los centros de detención preventivos, solo respondió que crearían un plan para atenderlos. A pesar de la insistencia, se marchó sin precisar detalles.

Alimentos prohibidos

La prohibición de alimentos es otro tema. Los allegados denuncian que cada día amplían la lista de productos que no pueden pasar a los calabozos; ahora, los privados de libertad no pueden comer yuca, pues argumentan que con el tubérculo preparan bebidas que los ponen muy activos.

Flor Rivas, hermana de un detenido por droga, menciona que solo les permiten pasar tres arepas, pero el oficial se queda con una cuando no piden efectivo. Además, ahora se les prohibió pasar los alimentos en envases plásticos sino que deben ir en bolsas transparentes; el consumo de jugos se limita a frutas que no se fermenten.

Está prohibido consumir naranja, patilla o cambur, pues la directiva de la Policía del estado Monagas considera que los presos pueden ingeniárselas para preparar “guarapita” con ellas. El agua que toman es la que llevan los familiares en botellas de hasta cinco litros, cuando se acaba pasan sed pues adentro no la reponen.

“Los tratan como a los perros callejeros, aquí no hay respeto a los derechos humanos de los reclusos. La restricción de las comidas la hacen para que no se alboroten, como dicen ellos”, comenta Blanca Martínez, esposa de un detenido.

Su nombre está protegido también, pues asegura que cada vez que denuncian lo que ocurre dentro del penal, quienes pagan son los presos. Le preocupa, también, los ataques de epilepsia que sufren algunos detenidos, así como los casos de tuberculosis y escabiosis que van en aumento en los calabozos.

Por Jesymar Añez

Foto:

1: Los familiares dejan hasta la mitad de la comida a los policías como condición para pasarla a los detenidos | Foto: Referencial

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