La Educadora que Guerrea por los Derechos de los presos de Lara

La Educadora que Guerrea por los Derechos de los presos de Lara

Nayibe López

La mujer que ha estado al pie del cañón en cada situación carcelaria registrada en Lara, que ha vivido decenas de irregularidades en los penales y centros de detención preventiva y que funge como defensora de Derechos Humanos de familiares y privados de libertad -casi que ad honorem- es Nayibe López, una educadora de escuela básica jubilada, que desde hace unos 11 años lucha por cambiar el ambiente carcelario que poca paz ha tenido en la entidad crepuscular.

Héctor Rodríguez 

Nayibe desde joven tenía una curiosidad con el mundo de los privados de libertad, pero cuando su hijo fue detenido y recluido en el penal de Uribana, recibió una especie de “bautizo carcelario” que la hizo ahondarse aún más en la ayuda y posterior  defensa de los derechos humanos de los presos.  

En el año 2008, esta educadora de profesión fue a visitar a su muchacho apresado por tener vínculos en un homicidio y apenas cruzó el inmenso portón del centro penitenciario, el pran -líder negativo- “Lagarto” hizo que sus “luceros” -escoltas armados- la buscaran para tener una charla con ella. “Fue un hombre muy armado quien preguntó por mí; me pidieron que los acompañara y me llevaron hasta el área dónde Lagarto estaba”, narra.

En pocos minutos, recuerda Nayibe, se encontraba rodeada de muchos hombres con distintas pistolas en mano. Desde escopetas, fusiles, revolver y automáticas vio y en ese momento, el líder le habló a ella y a todos los presentes.

—Tu hijo es equis para mí, pero usted es otra cosa. Miren muchachos, escuchen bien - gritó “Lagarto” a manera de orden-.

—A esta mujer hay que respetarla cada vez que ingrese al penal porque ella me quitó el hambre en el barrio; le dio trabajo a mi madre y siempre me daba Lactovisoy y quien se meta con ella, se mete conmigo. Usted ahora va a hacer nuestra vocera - le encomendó, al tiempo que miró a Nayibe a la cara y enfatizó- Usted cuente conmigo en lo que quiera porque  yo sé lo que hizo por mí y mi familia cuando estábamos niños en el barrio.

Lo que le cambió la vida.

“Fue la primera vez que veía la cárcel por dentro”, confiesa agarrándose el pecho y mostrando sorpresa de lo que presenció aquella vez. “Yo apenas crucé el portón, vi varios presos de los que llaman ‘desechables’, desnudos, sucios y como desesperados, de esos que nadie quiere y no tienen familiares. Me ofrecían ayuda para cargar lo que le llevaba a mi hijo a cambio de algo para comer y eso me conmovió mucho porque de una vez me hizo preguntarme ¿cómo puede existir alguien en este mundo que sea desechable?”.

Las escenas que describe Nayibe fueron el despertar de unas ganas que sentía de ayudar desde niña, pues ella tenía un familiar que trabajaba en el Internado Judicial de Barquisimeto, antiguamente conocido como “La Cárcel de la 13”, que algunas veces la hizo visitar la biblioteca de ese reclusorio. Aunado al deseo por la lectura y los libros, estaba la intención de ser educadora y esta aspiración fue la que le hizo alejarse del internado.

Pero esa distancia que marcó haciendo educación rural en uno de los municipios más grandes y lejanos a la capital Barquisimeto, poco a poco la acortaría. A  mediados de los 80 e inicio de los 90 su labor social con los más necesitados se empezó a sentir en el barrio El Malecón zona muy popular de la ciudad, donde vive actualmente. Allí integró los grupos culturales y de ayuda social de la organización política izquierdista revolucionaria llamada Liga Socialista de Venezuela. Después, al cabo de algunos años, formó parte de Fundacomunal donde a muchos vecinos de su comunidad les dio trabajo e intentaba alejar de zonas peligrosas e invadidas de droga.

“Yo tenía olvidado lo de biblioteca de la cárcel porque hasta me habían ofrecido cambio a la biblioteca de Uribana, pero tras un motín que hubo allí no quise, pero nunca me imaginé que yo iba a tener un hijo preso. “¡Qué difícil es eso!”,  resume esta morena, de estatura media cuando indica su reencuentro con el mundo carcelario.

Una lucha tras tanta sangre

Cuando “Lagarto” oficializó a Nayibe como vocera de Uribana solo se encargaba de ayudar en asistencia para la diversión interna de los presos. “El pran me pedía que con otras mujeres familiares me encargara de la fiesta de los niños en navidad, vacaciones, el día de la madre y en septiembre cuando era la fecha de la Virgen de Las Mercedes”.

El centro penitenciario para esa década del 2000 no tenía ningún tipo de control de la Guardia Nacional ni de custodios y la modalidad actual de “régimen penitenciario” no existía. Allí mandaban los presos, “pero un día, cuando asignaron a un director nuevo e hizo una requisa sacándole a la basura todo lo que los presos tenían para dormir y estar ahí encerrados, eso me llenó de rabia y fue cuando inicié mi lucha por los derechos de los privados” , soltó el cambio de función que sintió esta vocera carcelaria.

Nayibe explica que en esos años estaba acompañada de muchas mujeres “guerreras” -esposas, madres y hermanas de presos- quienes protestaban cerrando calles, quemando cauchos y exhortando a las autoridades del gobierno regional y nacional a respetar a los derechos de los presos. “Eran ellas las que reclamaban mucho y yo apenas participaba”, señaliza.

Nayibe no se integraba mucho a esas acciones por estar pendiente de su hijo encarcelado, sus otros familiares y su esposo, pero en enero de 2013 todo cambió por la denominada masacre en Uribana que dejó 61 presos, 1 pastor evangélico y un Guardia Nacional asesinados a tiros y más de 120 personas heridas de bala. 

“Tras esa masacre comencé a luchar mucho por mi hijo y los demás privados de libertad. Ese 25 de enero comencé a formar un grupo con las mujeres. A unas las ordené quedarse en las cercanías de Uribana pendiente de las ambulancias, buses, patrullas, y yo con otro grupo me fui al hospital para atender a los presos que iban tiroteados”, enumera  algunas de las cosas que pudieron hacer ese día como forma de ayuda y para disminuir la desinformación reinante en la coyuntura. Entre las acciones pensaba en su hijo, pero asegura que entre tanta angustia no podía mostrar miedo a las otras parientes de presos. “Yo sabía que mi hijo estaba vivo tras esa masacre y al final del día lo confirmé”.

Comenta que después de esa jornada sangrienta las labores de ayuda a familiares de presos, atención a medios de comunicación que indagaban sobre el penal, asistencia a los privados afectados en la masacre y reclamos al recién creado Ministerio Penitenciario, fortalecieron su lucha no remunerada durante días, semanas, meses y años.   

“Mi lucha no solo fue por los presos de Uribana, sino también por mi hijo que lo habían trasladado. Mi grupo de mujeres y yo hicimos muchas cosas. Denunciamos a la ministra, llevamos informes a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Mucha gente se movió”, agrega.

Desde ese mes de enero, Nayibe ha sido la cara de muchas mujeres familiares de presos y de presas para denunciar y brindar asistencia en el campo que sea. “Yo me he convertido en madre, hija, enlaces con organizaciones no gubernamentales para la ayuda de presos y todos los familiares me expresan respeto por lo que he hecho”.

Nayibe ha vivido decenas de situaciones irregulares desde ese enero de 2013 no solo en Uribana que actualmente se llama Centro Penitenciario David Viloria, sino también en la Comunidad Penitenciaria Fénix, penal de máxima seguridad inaugurado meses después de la masacre. Esta mujer ha tenido que salir a servir como vocera en motines sangrientos, secuestro de visita y de personal del Ministerio, constante violaciones de derechos humanos a presos y hasta un alzamiento de presos contra las autoridades de los penales por el maltrato físico y que fue denominada como el “coctel mortal” del año 2015 -que dejó entre 13 y  presuntamente  25 reclusos muertos y un centenar y medio de intoxicados-.    

-- ¿En febrero de 2019 no hay un culpable de esa masacre que ocurrió hace 6 años?

--¿Y cómo va a caer preso alguien si fue el mismo gobierno que los mató? - responde tajantemente-. No es justo que sucedan ese tipo de cosas, pero la ministra Iris Varela lo que hace es premiar ese tipo de cosas porque Bracca (Nelson, director de Uribana en esa época y quien es señalado como la primera persona que accionó una arma de fuego el día de la requisa al penal y que desató la balacera) se lo llevó a coordinar otra cárcel y sigue en libertad- aceveró.

El hombre que señala Nayibe tiene una investigación abierta en fiscalía del Ministerio Público luego de que 69 testigos de la masacre entrevistados por funcionarios del Cicpc y de la Unidad Criminalística del Ministerio Público dejaran constancia en expediente de que fue él quien le disparó a un preso que se había negado a salir durante la requisa lo que generó molestia de toda la población penal y comenzara el tiroteo. De hecho en septiembre de 2013, Bracca fue imputado por los delitos de atropello contra las personas detenidas, quebrantamiento de tratados internacionales -ambos estipulados en el Código Penal-, uso indebido de arma de fuego y lesiones contra una empleada del Ministerio de Servicio Penitenciario pero ese caso, hasta el sol de hoy, no tuvo sentencia definitiva.   

La libertad de su hijo no la hace descansar

En la década que tiene Nayibe bregando como vocera carcelaria, ha tenido muchas compañeras de lucha que en el tiempo la abandonan bien sea porque sus familiares presos son liberados, son trasladados a penales en otros estados o fallecen. Una de estas particularidades la vivió esta mujer en noviembre de 2018. Su hijo, tras 10 años de estar privado de libertad y pasar por 4 penales, fue liberado. Confesó que la emoción que sintió al conocer la noticia fue muy grande. Sintió alivio y descanso tras tantos días de injusticia.

Esta educadora recibió a su hijo en libertad y se tomó unas merecidas vacaciones. El rumor era que “Nayibe dejaría de pelear por los presos, porque ya le habían soltaron al suyo”. Ese era el sentir de otras familiares de reos, pues todas saben lo que sucede cuando ya un familiar no está tras los barrotes. Pero Nayibe en enero de 2019 rompió ese mito, por lo que informó su deseo de seguir ejerciendo defensa por los privados de libertad a otro nivel.

“Uno no pierde la fe ante tanta injusticia porque las denuncias tienen efecto. El régimen penitenciario es parte de eso. El régimen tiene sus cosas positivas como por ejemplo hay orden, se acabó el exceso de ilegalidades, el tráfico ilegal, pero todavía hay muchas cosas negativas empezando por la preparación del personal de custodia. Allí ponen a muchachos que salen de la UNES y no tienen nada de experiencia para cuidar presos. La infraestructura no está acorde a normas internacionales como las reglas Mandela y ni hablar de cómo los presos ahora viven la crisis de este gobierno porque comen mal, no hay medicinas, no hay material para que ellos puedan trabajar y tener redenciones. Eso debe denunciarse para mejorar”.

Para ello, Nayibe ha conformado un grupo de madres, hermanas y esposas de privados de libertad que están en pleno proceso de preparación para lo que podría ser una organización no gubernamental que vele por los Derechos Humanos de los presidiarios.

“Hay muchas cosas en las que se debe trabajar. Una de ella es que los padres u hombres puedan visitar a los presos dentro de las cárceles pues existen demasiados privados que no tienen madre ni hermanas entonces están cumpliendo condena totalmente solos y desasistido porque yo creo que el acompañamiento de la familia es el que hace cambiar verdaderamente al preso” aseguró.

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