“Doble Condena” Tienen presas transexuales en Venezuela

“Doble Condena” Tienen presas transexuales en Venezuela

En los calabozos policiales, ni en las cárceles del país hay condiciones para garantizar los derechos de las mujeres trans.

Angélica Lugo, UVL Gran Caracas

En la división Antiextorsión y Secuestro del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), ubicada en El Hatillo, estado Miranda, el caso de dos prisioneras transexuales que son morochas ha visibilizado cómo los derechos de las reclusas trans son vulnerados de manera sistemática.

Aunque una de ellas, “Daniela Valentina”, ya está en libertad después de haber estado presa durante dos años y siete meses, su hermana sigue detenida en esa sede de la policía científica.

Aiskel Farías, la madre de las dos morochas transexuales que en la actualidad tienen 28 años de edad, relató a UVL que ambas fueron privadas de libertad por extorsión y que, desde que llegaron a esa sede del Cicpc el 28 de noviembre de 2016, fueron rechazadas y atacadas por el resto de la población penitenciaria.

“Los presos, como todas las personas de la sociedad en general, no aceptaban a mis hijas. Decían que ellas no tenían que tener un trato distinto porque son hombres y que por sus actitudes femeninas, manchaban a toda la población”, precisó Farías.

La mujer recuerda que los primeros ocho meses de reclusión sus dos hijas morochas transexuales recibieron una golpiza: “La más afectada de mis hijas fue Sabrina, pero su hermana Daniela Valentina la defendía y, como todavía no está operada, no sufrió consecuencias, pero a Sabrina le llegaron a desprender una de las prótesis que tiene en los senos. Afortunadamente, luego los policías la llevaron con un médico forense para que le hiciera unos exámenes y logró recuperarse”.

Aiskel Farías dijo que la última golpiza que las morochas recibieron sentó un precedente. Después los funcionarios del Cicpc decidieron sacarlas de la celda en la que estaban, estuvieron unos meses con unos policías implicados en delitos, pero posteriormente las autoridades que están a cargo de la División Antiextorsión y Secuestro de la policía científica entendieron que las transexuales no pueden estar con hombres. Desde entonces, decidieron tenerlas aisladas y asignarles funciones de limpieza y cocina.

“Las pusieron a hacer labor social, a limpiar algunas oficinas y a cocinarle a las brigadas de policías que hacen guardias por turnos de trabajo”, explicó la madre de ambas morochas.

Aiskel Farías admitió que “Sabrina”, la transexual que aún está privada de libertad, sí estuvo implicada en un delito y que, por la misma causa, estuvo presa su otra hija “Daniela Valentina”, quien asegura, sí es inocente: “Nosotros somos de Puerto La Cruz y cuando mis hijas viajaron a Caracas a comprar ropa, fueron detenidas por una comisión del Cicpc.

La mujer contó a Una Ventana a la Libertad que a los 15 años de edad sus dos hijas morochas le manifestaron que se sentían en un cuerpo equivocado, y que querían ser mujeres. Aiskel buscó ayuda psicológica, las llevó a terapia y, después de documentarse y estudiar en relación al transexualismo, decidió apoyarlas para que fueran felices. Sin embargo, como en la mayoría de los países subdesarrollados, ambas han sido rechazadas en varios trabajos.

“Sabrina”, que es la transexual que sigue presa, se ha ganado la vida como trabajadora sexual ofreciendo sus servicios en páginas web y “Daniela Valentina” es estilista independiente. Aunque las personas transexuales que se hacen intervenciones quirúrgicas para tener el aspecto del género con el que se identifican toman hormonas, incluso de por vida, ninguna de las morochas siguió sus tratamientos estando en prisión.

“Sabrina tomaba sus hormonas antes de estar presa y Daniela Valentina no las ha tomado porque aún no se ha operado. Aunque sé que Sabrina debería tomar sus hormonas, no me he preocupado de buscárselas, porque me he centrado en lo más importante, que es llevarle sus alimentos y artículos de primera necesidad para que pueda vivir bien”, precisó Aiskel Farías.

Pese a que los primeros meses de reclusión de las morochas trans fueron traumáticos -las chicas trans, en especial “Sabrina”, que aún está presa- se ganaron el respeto de los reclusos y de los policías de manera paulatina.

En la actualidad “Sabrina” conserva su cabellera por debajo de los hombros, después de haber sufrido porque los funcionarios le cortaron el cabello en tres ocasiones: “En tres oportunidades le cortaron el cabello y se lo dejaron coco pelado, pero ya la respetan y hasta la dejan vestirse como mujer y utilizar sus utensilios y accesorios femeninos”, relató la madre de la reclusa transexual.

Las personas trans son las más vulnerables en las prisiones

En dos años y 11 meses de monitoreo, junto con Una Ventana a la Libertad, a la situación penitenciaria en los centros de detención preventiva y en las cárceles venezolanas se ha determinado que en estos espacios no se impulsan políticas para garantizar los derechos humanos de las personas transexuales.

Cada vez que se hacen las consultas a fuentes policiales para determinar si en los centros de reclusión hay miembros de la comunidad de Lesbianas, Gay, Bisexuales, Transexuales (LGBT), los funcionarios policiales responden con calificativos despectivos: “En este calabozo hay dos maricos, un gay, un pervertido (…)”, por ejemplo.

En mayo de 2017 Una Ventana a la Libertad confirmó cómo tres presas transexuales, que están detenidas por el delito de robo en la Policía Municipal de Valencia (Polivalencia), en el estado Carabobo, están en una misma celda con 20 reclusos que han abusado de ellas y las han golpeado.

“Aquí estoy incomodísima porque aquí convivo con malandros que lo maltratan a uno por ser como es (…) Queremos salir de aquí porque tenemos que hacer nuestras necesidades fisiológicas aquí adentro”, relató una chica trans que se identifica como “Melany Dior”.

“Sabrina”, otra de las detenidas, manifestó que estar en una celda con 20 hombres no es agradable: “Estar aquí no es mi decisión. Si fuera por mí, estuviera en un calabozo aparte con chicas como nosotros. Pero es decisión de los policías que estemos con ellos y allí no podemos hacer nada”.

“Andrea Faife” es otra de las chicas trans que está privada de libertad por la misma causa de sus compañeras. A diferencia de las otras dos transexuales, ella tenía un morado en la cara, como consecuencia de los ataques que recibió de sus compañeros de prisión. Una Ventana a la Libertad documentó la agresión cuando visitó la sede de Polivalencia.

“Todos estos hombres me agarraron por los cabellos y me dejaron el ojo morado. Cuando me agarré por los cabellos para defenderme y caerme a golpes con el que más me estaba agrediendo, no quiso”, dijo “Andrea Faife”.

En esa oportunidad, “Andrea Faife”, que tiene prótesis, tenía uno de sus senos infectados. Pero, al igual que el resto de la población que presenta problemas de salud, no había recibido ni siquiera atención médica primaria.

La discriminación, el rechazo y los maltratos a las personas de la comunidad LGBT solo generan más violencia y no aportan soluciones en el ámbito penitenciario. Si bien es cierto que uno de los objetivos en los centros de reclusión es lograr que los presidiarios sean reinsertados a la sociedad, con acciones como estas solo se logra ira en personas que, si llegan a salir en libertad o a fugarse, pueden reincidir incluso en delitos más graves.

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