Pranato, sentencia a muerte

Pranato, sentencia a muerte

Por Sabrina Machado

Panorama

Se pasea por las instalaciones sin escoltas, sin joyas, saluda a los que se le cruzan en el camino. Anda tranquilo y cómodo: franela y bermudas. Así deambula Niño Guerrero —Héctor Guerrero Flores— por Tocorón, donde se encuentra detenido desde el 2013, tras ser recapturado por los organismos de seguridad, luego de fugarse en el 2012. Para ese entonces ya era el principal del carro aragüeño.

En contraposición, se encuentra Franklin Masacre, ex pran de la Penitenciaría General de Venezuela. El hombre de 44 años se exhibía con joyas, ropa de marca y sus luceros. Según fuentes no contaba con el apoyo ni el respeto de la población reclusa, por eso, ya se preparaba un cambio de carro para el momento en que el gobierno tomó la cárcel en octubre pasado. Hoy es un preso más sin reconocimiento ni poder en el Centro Penitenciario de Formación del Hombre Nuevo El Libertador.

Mientras Niño Guerrero se pasea entre sus pavos reales, flamingos, monos, caballos de paso, gallos de pelea se fraguó en el internado judicial de Aragua la muerte de Wilmer José Brizuela Vera, de 34 años, quien por más de 10 años ostentó el cargo de pran. Incluso llegó a ser —de acuerdo con Carlos Nieto Palma— “el pran de pranes de todo el país”.

Tres disparos le costaron la vida el 1ero de abril. Lo sacaron sin zapatos, en short y franela. Semanas antes el hombre fuerte de Vista Hermosa había sido noticia luego de ser tiroteado en una playa en Margarita. Aún cumplía sentencia por sicariato, asociación para delinquir, lesiones, robo, secuestro y tenía una orden de captura por homicidio; sin embargo, estaba de vacaciones. En diciembre había obtenido un beneficio de Régimen de Confianza Tutelado.

Más de 50 mil presos viven en las cárceles venezolanas

A Wilmito le duró el poder por más de 10 años, siendo uno de los períodos más largos para un pran. Estuvo preso en Vista Hermosa, la Mínima de Tocuyito y Tocorón, donde fue asesinado por “comerse la luz”, según revelaron fuentes. En el 2011, mientras se encontraba detenido en Carabobo, lideró una protesta para que Yorvis López, pran del Rodeo, fuera trasladado de este centro. Logró su cometido.

“Conocí a Wilmito en el 2004, en un foro en la universidad Católica de Guayana. Era la vedette, le pedían fotos, le aplaudían. Con 24 años ya era el pran y era el que mandaba”, recuerda Nieto Palma, coordinador de Una Ventana por la Libertad, quien luego fue invitado por el recluso a dictar la charla en Vista Hermosa. A pesar de no contar con el permiso de las autoridades pasó sin problemas. “El que manda soy yo, y así fue, ni me preguntaron quién era yo”, indicó Palma.

El especialista afirma que la figura del pran en Venezuela no tiene más de 12 años, concebida como se aprecia en la actualidad, vinculada a grandes cantidades de dinero, negocios ilegales, poder más allá de las rejas, lo que los hace aún más temerarios y los pone con mayor frecuencia en el ojo del huracán. El puesto del líder del carro siempre resulta apetecible para el resto de los prisioneros, de acuerdo con Nieto Palma.

Solo para recordar, durante el desalojo del Internado Judicial de El Rodeo 1 y 2, durante el 2011, se calculó que la llamada “Caleta” de los pranes Oriente y Yoifre era superior a dos millardos de bolívares (cono monetario anterior), según revelaron las investigaciones. 

“Eso es un gran negocio que produce mucho dinero, bajo esas condiciones el ser pran es un buen negocio y si estas dentro del círculo no es despreciable. A la gran mayoría les gusta la cuestión, el poder es sabroso y el del pran es mucho poder”, afirma Nieto, quien señala que por este hecho el líder de la cárcel “está condenado a morir temprano”.

Wilmito murió en Tocorón este 1 de abril

Para Humberto Prado, director del Observatorio Venezolano de Prisiones, la carrera del pran no se prolonga en el tiempo y tiene siempre tres amenazas acechándolo, en vista de la cantidad de beneficios de los cuales disfrutan los líderes carcelarios, desde mucho dinero hasta control interno y externo.

“Ellos tienen en su contra dos cosas fundamentales. La primera es que haya un cambio de gobierno y su liderazgo sea revocado, generalmente lo matan para quitarle el poder; dos, que en uno de los permisos que ilegalmente disfrutan no regresen al penal, porque sean abordados en la calle y los maten como le pasó al pran de Sabaneta; la tercera sería que la misma población no lo deje ingresar nuevamente a la cárcel”, explica Prado, quien considera que el poder del pran generalmente dura lo que dura un suspiro y en los luceros se encuentran sus principales enemigos.

En cuanto a la personalidad del líder carcelario, el director de Una ventana por la libertad recalca que no cualquier preso puede llegar a ser pran, se requieren ciertas cualidades que no todos tienen e incluso hace diferenciaciones entre unos y otros. Para él todos los pranes que vinieron después de Wilmito “surgieron a imagen y semejanza de él”.

“El pran es un líder. No se les puede negar el liderazgo que tienen para controlar a los grupos. Por ejemplo, negar el liderazgo de Wilmito es caernos a mentira. La gente lo quería, veías demostraciones de afecto hacia él, al igual que en el caso del “Conejo” en Margarita. El denominador común de todos ellos es que son presos con cartel, no están solo por haber matado a una persona, sino por haber cometido delitos duros, que requieran astucia, tienen inteligencia sin explotar”, afirma Nieto.

Teófilo Cazorla Rodríguez, el Conejo, murió en Margarita el año pasado

Aunque reconoce que no en todos los casos priva esa inteligencia con astucia, en el caso de Oriente considera que este es otro tipo de preso, que logró imponerse por su sangre fría, pero no por su brillantez.

Esta misma percepción la tienen familiares de los reclusos de la PGV con respecto a Franklin Masacre, afirman que el hombre era despiadado e inhumano con los presos, mataba de forma sanguinaria y nadie lo quería, factor que influyó en la retoma del penal, no contó con el apoyo de la población. Como ocurrió con el caso del “Chingo Robert” en La Planta, en el 2012.

Para la profesora universitaria Verónica Zubillaga, la figura del pran llegó para instaurar “orden” en el caos que existe en los penales del país. Explica que el vertiginoso aumento de la población penitenciaria hizo que el Estado perdiera el control en estos espacios, ante lo cual los mismos presos instalaron una estructura, “donde los mecanismos de funcionamiento son la fuerza bruta, la violencia armada, mecanismos perversos de organización, donde priva la crueldad, donde todo cuesta”.

Rechaza que los presos de este país tengan mayores opciones en sus vidas, ya que crecen en “contextos muy duros, en medio de armas de fuego, familiares muertos, donde no tienen policía a qué recurrir, no hay justicia, cuyas esperanzas en la educación formal y conseguir un trabajo digno que le permita movilidad social están anuladas, no tienen esperanzas con los canales regulares, las escuelas a las que tienen acceso están en condiciones muy deterioradas.

La experta indica que para muchos jóvenes de ciertos sectores sociales una de las carreras más llamativas, que les asegura éxito social y les permite acceso al consumo, a mantener a sus familias, a adquirir identidad reconocida es la actividad ilícita”. 

Un estudio realizado por un medio nacional en el 2013 determinó que entre los años 2006 y 2013 fallecieron en el país 23 pranes, 11 de ellos tenían entre 20 y 29 años, 11 entre 30 y 39 y uno solo llegó a los 43. El 86,95% de los líderes murieron en un cambio de carro. Wilmito tenía 34 años, Oriente 37 y el “Conejo” 44.

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