La vida seis meses después del canibalismo en Politáchira

La vida seis meses después del canibalismo en Politáchira

Por Lorena Bornacelly

El Pitazo

El 7 de septiembre de 2016, mientras los presos recibían a sus familiares de visita, empezó la revuelta por parte de, al menos, 32 reclusos, que secuestraron a ocho mujeres que estaban en el sitio y a dos policías que cubrían guardia ese día.

Todos creyeron que el secuestro y la actitud de los presos serían sólo por unos días, mientras las autoridades negociaban la liberación de las personas a cambio de alguna de las exigencias de los amotinados, pero 29 días después no fue así.

Fue noticia nacional y mundial el caso de canibalismo en los calabozos de la Policía del Táchira cuando finalizó el motín. Los padres de los jóvenes asesinados y comidos por sus compañeros denunciaron la situación en busca de consuelo a través de la justicia.

Seis meses después del motín, las heridas de los padres de los canibalizados no han sanado. Las denuncias de maltrato y violación de derechos humanos siguen existiendo. Las consecuencias psicológicas entre los presos y sus familiares, producto de las vivencias en la revuelta, llevaron a cambios en su modo de vida. También cambió por completo la vida de los policías que fueron tomados como rehenes.

Los pranes del motín

Fueron, al menos, 32 personas que comandaron la reyerta. Según testimonios de quienes estuvieron involucrados en el motín, y de sus familiares, eran esas 32 personas las que daban las órdenes, golpeaban a los demás y asesinaron a los jóvenes.

Según narró una de las mujeres que fue rehén, un hombre apodado “El Grillo” era quien más poder tenía. Con un martillo improvisado golpeó a quienes se negaban a comer la carne humana.

A través de mensajes a los familiares y autoridades, los presos pedían que les instalaran una cantina y que se permitieran las visitas conyugales, además del traslado hasta la cárcel de Tocorón, pero, aunque hicieron presión, incluso quitándole la vida a dos personas, ninguna de esas exigencias fue atendida por la ministra de Asuntos Penitenciarios, Iris Varela.

Los pranes fueron los más beneficiados, pese a que no se hizo lo que pidieron. Al finalizar el motín, 16 presos fueron trasladados a la cárcel de Tocuyito, pero la ministra de Asuntos Penitenciarios, Iris Varela, declaró que quienes lideraron la revuelta lograron camuflarse entre los demás reclusos y no fueron sacados de Politáchita. El 5 de diciembre dijo textualmente “trasladados a Tocuyito no estaban tan involucrados en el motín y los demás lograron quedarse en la policía”.

La vida de los rehenes luego del motín

“Traumatizada” fue el adjetivo que utilizó una de las mujeres rehenes para describir cómo se siente después de haber vivido casi un mes secuestrada por los presos.

“Yo estaba allí de visita, mi hermano y yo no nos imaginamos que eso pasaría. Cuando vi que me agarraron, empujaron, halaron el cabello y llevaron a los calabozos pensé que me iban a matar”, dijo la mujer, que no quiso identificarse.

Aunque no le quitaron la vida, afirmó que sí mataron una parte de ella, de su alegría y de su paz. “Aún siento que escucho en las noches los gritos de ese día, el peor de todos; el día que asesinaron a esa gente. Yo no los vi y no sé si eso fue peor, porque tengo en mi cabeza sus súplicas, los martillazos, los cuchillazos. Cuando mi hijo grita porque se cayó, por ejemplo, empiezo a temblar, porque ese sonido me lleva al momento cuando mataron a alguien en mi presencia”, narró con lágrimas la mujer.

Lo que más lamenta del motín es que la calidad de vida de los presos no ha mejorado. “Yo fui una víctima y me pareció que otras mujeres sí eran cómplices, pero soporté todo, porque las condiciones en las que vive mi hermano ahí mejoren, porque he sido testigo de que pasa hambre, que no puede tener una buena higiene y que lo insultan y maltratan. Yo quería que eso cambiara y mi fortaleza estaba sustentada en lo que vendría, pero no fue así. A mi hermano lo golpean todavía, lo insultan, le limitan la comida y me quedo con el sinsabor de que todo fue en vano”, lamentó.

Aunque asegura que tiene distintos traumas por ello, no ha recibido atención médica o psicológica. Las demás mujeres involucradas en el motín no pudieron ser localizadas y otras no quisieron dar declaraciones.

La madre de un joven que fue rehén durante el motín indicó que su hijo se volvió vegetariano. “Sólo come vegetales, ahora que nos dejan llevarle arroz y vegetales, porque dice que no confía en la carne que le dan en la policía y que la proteína animal le recuerda al asqueroso momento en el que lo obligaron a comerse a otros compañeros de prisión”, dijo la mujer que no se identificó.

De policías a rehenes

Dos guardias fueron tomados como rehenes al momento del motín, mientras estaban custodiando la visita que se llevaba a cabo. Levis Cira y Miguel Muñoz debieron estar casi un mes como los secuestrados más afectados de todos, pues cada vez que los presos escuchaban pasos o ruidos hacia los calabozos donde estaban amotinados, golpeaban a quienes pasaron de policías a rehenes.

Para esta nota, luego de seis meses de lo sucedido, ninguno de los dos policías ofreció declaraciones por ser miembros activos de Politáchira.

Lo que debieron vivir es conocido únicamente por las declaraciones de madres o familiares de los presos que supieron al respecto y describieron lo vivido por ambos policías como “terrible”.

“Mi hijo me contó que a los policías no les dieron comida los primeros 15 días, bajaron mucho de peso y debían soportar los ataques de rabia de los pranes que los golpearon y humillaron. A uno de ellos lo dejaron en ropa interior, le amarraron una sábana en el cuello y lo pasearon como si fuese un perro. A ellos les dieron carne humana para que comieran sin decirles, pero la misma necesidad los llevó a comerla, porque estaba mezclada con arroz y, al momento, no supieron que realmente se estaban comiendo a Juan Carlos y a Anthony”, narró la familiar de un preso que reservó su identidad.

Ambos policías fueron liberados al final del motín, les dieron vacaciones y los reincorporaron con labores de menos carga que custodiar los calabozos, sino con patrullaje de calle.

El 15 de octubre de 2016, el gobernador José Gregorio Vielma Mora dijo en su programa “Vielma Mora Construye”, junto a los oficiales víctimas de los presos, que les daría a cada uno una vivienda y un viaje a Margarita, pero resultaron promesas no cumplidas.

Canibalismo confirmado

Yo sé que a mi hijo se lo comieron, estoy seguro de eso. Los mismos presos me lo confirmaron. Me describieron que lo apuñalaron, lo guindaron para que se desangrara, lo picaron en pedazos y su carne la repartieron entre todos y obligaron a mucha gente a que se lo comieran. Luego agarraron los huesos y los limaron para desaparecerlos. De él no quedó nada.

A mí me duele como padre decirlo, lamentablemente yo no pude darle cristiana sepultura a mi hijo Juan Carlos Herrera. En medio de mi dolor fui amenazado por funcionarios policiales que me extorsionaban y se molestaron, porque cuando perdí a mi hijo ya no me quedaba nada por perder y los denuncié.

Ya el acoso cesó, pero el dolor de perder a mi niño no me lo quita nada ni nadie, más aún por la forma en que me lo mataron. Él estaba preso, pero no se merecía que me lo mataran como a un animal y que no me entregaran ni un hueso para yo hacerle aunque sea un pequeño entierro con eso. Ahora sólo me queda esperar y pedir justicia, aunque no creo que la haya”, narró Juan Carlos Herrera, padre de Juan Carlos Herrera Aragoza, uno de los jóvenes canibalizados.

Los padres de Anthony Correa no lograron ser localizados, pues no contestaron ninguna de las llamadas realizadas por el equipo de El Pitazo; sin embargo, a este mismo medio, la madre del joven declaró el 14 de octubre de 2016 que “la falta de diligencia de la ministra para el Servicio Penitenciario, Iris Varela, habría sido una de las causas que llevaron a la muerte de ambas personas, mi hijo y su compañero”.

El cambio radical en Politáchira

Una vez terminado el motín, todo cambió en la Policía del Táchira. Inició la refracción de los calabozos, que aún se mantiene. Por ello fueron trasladados muchos presos, para evitar el hacinamiento y convertir las celdas en espacios que no lleven al amotinamiento de los reclusos.

Durante meses realizaron trabajos de construcción y mejoras en las instalaciones. De ellas, en reiteradas oportunidades, el gobernador José Vielma Mora se ha referido públicamente como uno de los mayores logros de la policía estadal. El equipo de El Pitazo tuvo acceso a los calabozos, donde se evidenció el cambio radical en el espacio en el que están los presos.

En efecto, muchas cosas cambiaron en la Policía del Táchira para prevenir otro motín o que se repitan las situaciones como las que se registraron en los calabozos.

La primera medida de las autoridades fue aislar cada sector de los calabozos; es decir, ninguno de los tres pisos de celdas tiene comunicación con el otro. En cada piso hay tres sectores también separados unos de otro, lo que permite mayor control a los custodios.

Anteriormente, los presos tenían libre desplazamiento por todos los sectores donde estaban recluidos. Actualmente, sólo pueden dirigirse al baño, a comer y vuelven a sus celdas.

La razón por la que el gobernador Vielma Mora y el director de Politáchira, Amador Torres, afirman que las nuevas reparaciones “son a prueba de motines” es porque no sólo se limitó el espacio en que pueden estar los presos, sino que ahora existen, al menos, seis rejas de seguridad en la única entrada y salida que tiene cada piso.

Además, uno de los avances más significativos para evitar las reyertas es que se eliminó que las visitas se hagan con contacto físico, por lo que se construyó un locutorio donde, en grupos de cinco presos, asisten a hablar con sus familiares. Las normas son claras y estrictas: cada uno tiene permiso de hablar 10 minutos por teléfono con cada uno de los dos familiares que puede ingresar cada 15 días.

Aunque por muchos meses el menú que los familiares tenían permitido llevar a los presos era limitado a arroz con carne molida, actualmente se flexibilizó la norma para mejorar la nutrición de los privados. Ahora pueden recibir pollo sin hueso, pasta, vegetales, sopas licuadas y hasta dulces, pero nada que contenga lácteos o sustancias que se fermenten.

Fueron instaladas cámaras de seguridad, con las que se monitorean todas las zonas de las instalaciones de Politáchira.

Estas estrictas normas de convivencia han logrado tener más control en los calabozos, han disminuido considerablemente las peleas internas por territorio, evitan roces o discusiones, que usualmente terminaban con golpes, y permite a los policías atender de manera más personalizada las necesidades de los presos para llevarlos a bañarse o recibir a sus familiares.

Ahora los presos deben vestir bajo la normativa del régimen penitenciario: pantalón y franela amarillo y cabeza rapada.

Quienes eran pranes anteriormente fueron separados de celdas y de pisos para evitar que tengan algún tipo de contacto.

Motín en cifras

-Por 29 días se presentó el motín en las instalaciones de PoliTáchira

-Hubo 10 rehenes en la revuelta: ocho mujeres y dos policías

-Al finalizar el conflicto, 16 presos fueron trasladados a Tocuyito

-En la Operación Cayapa de la ministra Iris Varela, cinco presos fueron liberados por haber cumplido su condena

-Por los sucesos ocurridos en la policía estadal, seis funcionarios están detenidos por su presunta complicidad

-En total, 11 reclusos fueron imputados por el motín

-Para realizar la reconstrucción de los calabozos, 109 presos fueron trasladados desde el cuartel principal a otras comandancias policiales

No hay comentarios.

Agregar comentario