Entrevista a Alejandra Chirinos

Entrevista a Alejandra Chirinos

“A veces pienso que es más duro para la mujer o la madre de un preso sobrellevar los diversos procesos de cautiverio que para el mismo recluso el cumplimiento de la condena”

                                                                                  Carol Carrero Marrero

Alejandra Chirinos de los cinco años que lleva con su pareja,  el tiene encarcelado tres años y dos meses. Manuel es hijo de un  Portugués y paga condena en Tocorón. Tenía una gallera  y un estacionamiento a donde guardaban motos.  Cuenta que le  robaron la moto de la amiga de un policía. Como se guardaba en el patio de su casa, llegó con unos PTJ y les pidieron que le pagaran 80.000 Bs. hace tres años. Precisó que: “como no teníamos esa plata le sembraron droga, le colocaron como cargo desvalijamiento del vehículo automotor y aprovechamiento del delito. Sacaron de la casa a mi hija de un año y la dejaron en casa de una vecina sin cumplir ningún tipo de procedimiento legal. En el primer expediente colocaron que tenía 30 kg de cocaína y la juez se dio cuenta que había un error de tipeo”.

Alejandra tiene cuatro  hijos, la de once  años y el de ocho años son de su primera pareja. La  de cuatro años y el de un año son hijos de Manuel, a quien le agradece que le dio la mano cuando se separó de su primer marido y se quedó sola con dos muchachos. “Una tiene que ser agradecida, por eso ahora no lo puedo dejar solo”.

Alejandra habla con una excelente dicción. Sus mensajes de texto no tienen errores ortográficos. Cuenta que su niñez fue lo mejor. Se crió con su mamá que trabajaba en una casa de familia. “Conocí a mi padre a los siete años. Era ladrón y abandonó a mi madre. De los siete años hasta los trece años estudié interna en el colegio Hora de Buen Consejo, en San Antonio de los Altos. Alcancé  terminar el sexto grado.  Luego viví con mi familia en Antímano. A los quince años trabajé de niñera en una casa en Prados del Este, después en una tienda y luego me fui a vivir con mi padrino en Macaracuay, hasta que conocí al padre de mis dos primeros hijos que me llevó a Petare y luego fuimos a parar en Tacagua Vieja. Era alcohólico y nos dejamos.

drino en Macaracuay, hasta que conocí al padre de mis dos primeros hijos que me llevó a Petare y luego fuimos a parar en Tacagua Vieja. Era alcoholico y nos dejamos.

 La experiencia en  calabozos

Cuando mi esposo estuvo preso en el calabozo de la estación de Vehículos de Quinta Crespo yo lo vi una sola vez. La crema de diente había que vaciársela en una bolsa, el shampoo igual. Duraba varios días con la misma ropa puesta. La comida se la revolvían, muchas veces se la escupían, otras no se la daban o se la acercaban ya picha. En un calabozo mínimo vivían unas treinta personas que tenían que dormir sentados y esposados siempre de una mano. Mi pareja era gorda y  rebajó como 30 kilos.

Tengo una vecina que actualmente tiene a su hermano peso en un calabozo en la Urbina y tiene que pagar por todo: para verlo, para llevarle la comida. A veces llega llorando decepcionada. Sabe que va directo a una cárcel. Como  su mamá se murió deja a sus dos niñas, prepara el desayuno. Su esposo la lleva en moto de Tacagua Vieja hasta la Urbina para dejarle la comida a su hermano. De ahí sale a tribunales para moverle el caso. Luego se va a Tacagua para cocinar y llevarle de nuevo, en moto, la cena a la Urbina. Todo esto afecta la vida familiar… A veces pienso que es más duro para la mujer o la madre de un preso sobrellevar los diversos procesos de cautiverio, que para el mismo preso el cumplimiento de la condena. Ellos se quedan solos y una con toda la carga de los niños, la casa y la de sus problemas.

Visitas, rutina y gastos

Chirinos nos cuenta que a su esposo le dieron un cómputo. Tenía una condena de 19 años, luego de tanto pelear se la bajaron a 10 años porque asumió los cargos y ahora la tiene en cinco y ya pagó tres años en Tocoron. Sale en el 2019. Acota que: “Ya no hay requisa femenina de antesala a la visita en Tocoron.  La Guardia Nacional no nos toca las partes íntimas para entrar, pero hay que pagarles alguito para que nos dejen pasar zapatos con trenzas, ropa negra. Ya no nos quitan la comida y los envases de vidrio los dejan pasar. He vistos muchos presos flaquitos, esqueléticos, pero el Pran da plata para hacer ollas comunitarias para que coma el que quiera y no tenga con qué”.

Nos relata que su  pareja tuvo una infancia dura, muy mala, que no sabe ni leer ni escribir. Su papá era alcoholico y vivía en una cochinera en Tacagua Vieja  desde que el nació. El veía el maltrato de su padre hacia su mamá. A el también lo maltrataba. Por eso le gustaba la cría de gallos. Ahora le dice que cuando salga si se va a portar mal de verdad porque no existe la justicia en este país.  Entonces le dice: “ya que tu vas a ir en contra de la ley porque el sistema te enseñó a ser malo. Entonces  me vas a buscar una casa y yo viviré sola con mis chamos y tú seguirás con la vida que quieras vivir. Yo no quiero seguir viviendo perseguida”.

En Tocoron tiene que cargar una pistola a diario. Vive en una zona llamada Vereda. Ahí he conocido a muchas parejas disfuncionales. De cada 10 mujeres, podría decir que unas  6 pelean con sus maridos y salen golpeadas. Si te dan una paliza dentro del cuarto no pasa nada, pero fuera del cuarto se vuelve un problema del Pran. He visto que la mayoría de las mujeres de los presos que he conocido se buscan a otras parejas dentro del mismo penal.

-¿Cómo es tu día a día?

-Mi rutina es dura como mujer. Día a día me pregunto qué le voy a dar de comer a mis hijos mañana. Antes lo tenía a él. Ahora me ha tocado salir a pedir hasta para comprar la bolsa del Clap. Me salió la tarjeta de Hijos de la Patria para recibir 50.000 Bs. Mensuales. Si no voy a las marchas me dicen que me la van a bloquear. Me dicen que si no voto por el PSUV me la bloquean. La última vez le dije que me la bloquearan, que cuando me vinieron a censar  no me pusieron condiciones y ahora todo el tiempo me amenazan.

-¿Tienes casa?

-Cuando conocí a Manuel vivía en un rancho de tablillas. El Consejo Comunal se cogió la plata. Por nuestra cuenta colocamos bloques, pero a mi casa le falta la mitad del techo y la otra mitad es de asbesto, no tiene seguridad. El baño no tiene techo, nos mojamos cuando llueve. Tengo mala la nevera, la poceta, la cocina. Todo es viejo… Tengo de  vista a un hermoso pedazo de montaña verde, pero detrás tengo al barrio Nuevo Horizonte, donde suenan disparos las 24 horas del día.

- ¿Cada cuánto ves a Manuel?

-Lo veo cada tres meses. Siempre hablamos por teléfono. Lo vi en septiembre de 2016 y lo volví a visitar en enero de 2017. Los días de visita son sábados y domingo. Hasta el lunes si quiero me puedo quedar.

¿Cuánto te cuesta ir a ver a tu pareja?

-Para irme dos días, primero tengo que dejar a mis hijos con mi mamá que vive en Santa Teresa del Tuy. Buscar comida para dejarle a los chamos. Luego me tengo que regresar a Caracas para buscar plata para poder ir al penal. En Caracas martillo a dos cuñados que son los que me ayudan, de siete hermanos que tiene. Reúno 20.000 Bs. en efectivo para llevar. Además, ellos me ayudan con un mercado que le llevamos. Semanalmente tenemos que depositarle 30.000 Bs. a la cuenta del familiar de un interno, que le lleva el dinero en efectivo. Esa plata se la deposita su hermana.

-¿En qué condiciones tienes relaciones de pareja?

-Mi marido tiene un cuartico como de 2X 1 mt de madera. Ahí todas las parejas tienen relaciones. Sientes los movimientos alrededor de las paredes. No te puedes concentrar. Alrededor del cuarto están los gariteros, los que avisan cuando pasa algo en el penal y los sientes hablar y reírse. Ahí nadie duerme, todos hacen guardias de vigilancia.

-¿Hay mujeres que les gusta vivir dentro de un penal?

-He conocido mujeres que les gusta. Unas porque le sacan plata a la situación, se prostituyen, otras porque les gusta como dicen: “pagarle la cana al esposo”, comparten la pena con ellos.

En crisis económica y emocional

Tres de sus cuatro hijos viven con Alejandra. Dice que en  agosto de 2016 le dio una depresión fuerte porque le robaron toda la ropa del niño que tiene hora 1 año, se murió su suegra. “Me deprime que mi hijo de un año todos los días me diga en el oído: Ame comia, chopa. Y muchas veces no tengo qué darle. La mayoría de las veces saltamos el almuerzo. Compro maíz en tuza y lo muelo, rindo harina pan con papa. La crisis económica ha sido horrible. Tengo como un año que no sé lo que significa comer proteínas. Solo comemos harinas sin acompañamiento. Hay momentos en que me digo por qué parí, aunque ame a mis hijos”.

Le preocupa la vestimenta. Cuenta que no salen a la calle porque no tienen ropa. “Mis hijos no tienen zapatos. Los tres pasan el día descalzos. A mi hijo chiquito le he puesto trapos con bolsas como pañales. Es duro y lloro. El gobierno dice que nos ayuda y no nos ayuda nada… Somos como los rezagados de ese lado del barrio. Nos ven por el piso. Cuando mi esposo estaba no nos faltaba nada. Muchas veces la gente se cansa de ayudar. Mis hijos no saben lo que es ir a un parque, lo que es una fiesta. Mis dos hijos pequeños nunca han ido al mar. Todos van a la escuela porque una amiga me regaló un par de zapatos para la niña”.

Al preguntarle si está trabajando, contestó que quería salir a trabajar pero que no tenía quién le cuidara a los niños en casa. Para ir a tribunales he tenido que dejar a mi hija de 11 años a cargo de sus hermanos. Ella ha aprendido a cocinar pero tampoco es su rol.” Los niños son el peso más grande que tengo. En el barrio no hay ningún taller escuela, ni funciona ninguna misión. Solo funciona la misión del chisme y de la crítica. He pensado hasta en irme del país para trabajar en Perú

-¿En esas condiciones se puede romper el círculo de la delincuencia?

-Eso no se va a romper

La marca de ser la mujer de un preso

Alejandra tiene 33 años de edad. Es una morena buenamoza, de ojos negros grandes y expresivos. Sus movimientos finos contrastan  con el abandono de su dentadura. Dice que su aspecto físico se ha deteriorado mucho. “Yo pesaba 105 kg hace dos años y he rebajo unos 60 kilos. No puedo ir al odontólogo porque no tengo dinero. No me puedo dar el gusto de cortarme o secarme el cabello, me visto con ropa regalada”.

En el barrio le dicen “la mujer del portugués, del que está preso”. Al respecto afirma: “Siempre nos tachan, nos señalan. Las mujeres nos dicen: ´Ustedes pagándole una cana a esos tipos sinvergüenzas´. Cómo no voy a estar con mi esposo si yo vivía con él antes de tener ese problema”

-¿Lo amas?

-No. Me acostumbré a vivir sola en estos tres años. Sola me siento en paz. Me aterra cuando me dice que cuando salga va a robar y a buscar la forma de ganar dinero.

Yo me siento presa en mi casa por la pobreza. Me siento presa porque tengo que ir permanentemente a un tribunal a dar la cara por él. Me siento presa porque si tengo algún dinero es para la comida, porque no me puedo dar un gusto... Siento un gran cansancio.

-¿Qué deseas para tu vida?

-Quiero que conozcan mi historia, salir de este hueco.

-Reflexiones para que tus hijos no se conviertan en delincuentes

-A mi hija le hablo mucho, pero a los niños hay que hablarles como niños. A las mamás les digo que cuiden mucho a sus hijos, que le hablen mucho, que no les digan malas palabras porque se ponen más rebeldes y hay que supervisarles la compañía. Es mentira que nadie daña a nadie, las amistades si influyen.

Alejandra Chirinos, dice que no cree en nada del supuesto Plan Cayapa, ni en ninguna promesa del gobierno. “En mi barrio la gente se volvió como animales. He visto peleas de madres con hijas y escuchado maldiciones que te quedas aterrada”. Expresa que siente que su hija María Victoria de 4 años se está animalizando también. Los niños allá son muy agresivos. Entonces dice que mete  a los niños para la casa. “Me siento viviendo en el sitio y la historia equivocada”.

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