La sociedad estigmatiza a quienes salen de la cárcel y le cierra las puertas en muchos aspectos

- Imagen referencial de una celda en la Comandancia General de la Policía

Ante las pocas oportunidades los expresidiarios toman el camino más fácil, la reincidencia delictiva

César Antonio Montes / UVL Yaracuy

San Felipe. Jairo (nombre ficticio) salió hace semanas de la Comandancia General de la Policía del estado Yaracuy tras recibir un beneficio procesal otorgado por la Comisión Presidencial para la Revolución Judicial, desde ese momento sostiene que ve la vida con ojos distintos.

Afirma que tras pasar más de dos años, en una pequeña celda, con 20 hombres más y el perder más de 12 kilos de peso lo hace entender que el delito no es el camino para mejorar su calidad de vida.

Desde que pudo ver y abrazar a su esposa e hijos nuevamente todas las noches asumió que es un ‘hombre nuevo’. Según cuenta se prometió así mismo no volver al oscuro mundo del hampa.

Jairo hace toda esta analogía indicando que decidió unirse al oficio de carpintero junto a su padre y dos  tíos para ver como obtiene el sustento diario para su hogar. Afirma que no ha sido fácil, pero se mantiene enfocado.

Mientras habla de su experiencia reflexiona como uno de sus ex compañeros de celda, no corrió la misma suerte, aclara que lamenta que ese hombre a quien conoció preso,  hoy ya no esté físicamente en este mundo.

Ese hombre al que hace referencia Jairo es Heliangel Rafael Orozco, conocido como ‘El Cicatriz’  y quien cayó abatido el pasado 24 de septiembre en un presunto enfrentamiento  con la Policía del estado a los pocos días de recibir el beneficio procesal en el sector El Poblado de San Felipe.

Aparentemente el hombre apenas salió del recinto policial,  comenzó a delinquir nuevamente, según las versiones policiales, estuvo involucrado en el robo de unidades de transporte público.

Lamentablemente la historia de Heliangel es más común que la de Jairo. La reincidencia delictiva de quienes salen de los centros de detención preventiva y las cárceles del país parece ser la norma. En ocasiones el exconvicto vuelve a la calle sin empleo, sin hogar, con un núcleo familiar que en ocasiones les da la espalda y esto no les deja otra opción que volver al inframundo de la delincuencia. Lamentablemente este escenario es el más repetitivo.

Hoy esta realidad es más que evidente en Yaracuy, pues desde el pasado 21 de junio el Gobierno nacional creó la Comisión para la Revolución Judicial, figura legal que está agilizando las causas procesales de delitos menores. Según cifras extraoficiales, desde esa fecha y hasta la actualidad unos 600 reclusos han salido de los centros de detención preventiva en la región.

Retardo judicial, hacinamiento y falta de políticas públicas

Al respecto el abogado penalista, Miguel Bermúdez, sostiene que la reincidencia en el mundo criminal es un lugar común para los privados de libertad que salen en  Yaracuy y toda Venezuela.



Miguel Bermúdez, abogado penalista

Aseguró que el problema existe primeramente porque los hombres y mujeres cuando están detenidos no son atendidos por el Estado venezolano, simplemente quedan en un retén policial siendo parte de una masa de población que subsiste como puede. La mayoría con un nivel educativo bajo.

 “Muy poco por decir nulo es el proceso formativo que hay en las cárceles para la población que está detenida. Las grandes misiones educativas poco llegan a los penales y comandos policiales y allí el preso solo termina aprendiendo más de lo malo, por eso es que muchos dicen que las cárceles son las universidades de la delincuencia”, dice.

Por otro lado, Bermúdez añade que  el retardo proceso procesal y el  hacinamiento profundizan la  pérdida de valores en el inframundo del sistema penitenciario venezolano.

“Es evidente la carencia de políticas públicas en el sistema carcelario, las llamadas misiones educativas llegan muy poco, igual los procesos formativos del INCES tampoco se vieron más en las comunidades, mucho menos en las cárceles. Es necesario rescatar y restaurar la formación en valores para que llegado el momento de que el convicto le toque salir en libertad pueda ser reinsertado, la realidad es que ocurre todo lo contrario. El ciudadano privado de libertad sale, no encuentra y no conoce ningún oficio, en muchas ocasiones la familia le da la espalda y termina reincidiendo en el oscuro y siempre tentativo mundo de la delincuencia”, afirmó.

Bermúdez también señala que la clasificación de los presos por el delito cometido es otra materia pendiente del sistema penitenciario venezolano.

Rafael Delgado, también abogado especialista en el área penal, coincide con Bermúdez, él manifiesta que la clasificación de los detenidos es necesaria. “No puede ser que todos sean llevados a los centros de detención preventiva y posteriormente a las cárceles de manera silvestre”, indica.

Por otro lado afirma que el sistema de administración de justicia debería agilizar las causas y así generar un sistema de justicia eficiente verdadero.

Afirma que ante tanta población privada de libertad es necesario no solo crear más cárceles, sino disponer de más fiscales, jueces y ampliar el sistema de justicia.

“El inframundo que se vive en las cárceles lejos está de educar y preparar al hombre para que sea reinsertado en la sociedad. Es necesario transformar el aparataje judicial para poder educar y formar a estos ciudadanos”, dijo.

Ni el expresidiario ni la sociedad están preparados para la reinserción

Damarys Jurado, psicóloga clínica, indica que cuando un preso sale de la cárcel tras haber cumplido condena, inicia un proceso de reinserción para el cual, muchas veces, ni la sociedad ni él está preparado.

 “Es un complejo camino cuya meta es que la persona que ha delinquido y ha sido castigada por ello obtenga las herramientas necesarias para reintegrarse en la sociedad. La reinserción social del procesado, se ha convertido en un objetivo que parece estar muy alejado de las capacidades reales del sistema penitenciario y carcelario venezolano ya que las cárceles no cuentan con los servicios adecuados en aspectos de salud y tratamiento psicológico, lo que dificulta la reintegración del convicto a la sociedad como un miembro productivo de la misma”, afirma.

En su disertación Jurado manifiesta que para que el proceso de reinserción social y laboral de los presos tenga éxito, éste debe comenzar mucho antes del regreso, realizar cursos, talleres o trabajos dentro de prisión ayuda a obtener una formación, aunque sea básica, y a adquirir responsabilidades y nuevos hábitos.

“No obstante, en el contexto laboral y social la etiqueta ”ex-preso” es muy relevante, siendo un factor habitual de descarte en procesos de selección de personal, por el solo hecho de tener antecedentes penales, sin ofrecer la oportunidad de evaluar las actuales competencias o, motivación al trabajo, son muchos los exreclusos con voluntad de  reinsertarse y con  una motivación al trabajo, puesto que la lucha para evitar un reingreso en prisión suele conllevar un efecto motivacional relevante para el cumplimiento del desempeño propio de las obligaciones a cumplir en su trabajo”, afirma.

Jurado finaliza diciendo que nuestra sociedad estigmatiza de forma muy negativa el paso por prisión, por lo que los  ex presidiarios deberán afrontar la discriminación propia de su condición, que encontrarán en los entornos laborales, vecinales, relaciones e incluso familiares.

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