Hacinamiento e inadecuadas estructuras alejan la fe de calabozos litoralenses

Hablar de creencias y religión no es tema común en los Centros de Detención Preventiva que funcionan en la entidad costera. La sobrepoblación carcelaria y las estructuras inadecuadas donde funcionan estos centros, impiden el desarrollo de jornadas lideradas por las iglesias locales

UVL Vargas

Celeste bendice la comida antes de entregarla a los custodios del Retén de Caraballeda, donde funcionan dos de los Centros de Detención Preventiva más emblemáticos del litoral central venezolano: el CDP del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) para hombres y el CDP para mujeres y adolescentes trasgresores bajo la custodia de la policía regional de Vargas.

La comida que Celeste consagra pidiendo a la invocación de la Virgen de las Mercedes, es enviada a su hijo Néstor, de 32 años, que espera juicio en uno de los calabozos del retén. “Dicen que es la virgen de los presos, por eso le encomiendo la comida y a mi hijo, para que salga con bien de esta”, cuenta la mujer, que se confiesa católica, pero no practicante, aunque acota, que desde que Néstor cayó preso, rezar la tranquiliza un poco.

Sobre las creencias religiosas de su hijo, Celeste no habla. “La verdad no sé. Yo lo bauticé y lo hice estudiar el catecismo para que hiciera la primera comunión, pero nunca fuimos de ir a iglesia. Y ahora encerrado, pues menos. Aquí vienen de las iglesias, los evangélicos y los católicos, traen ropa y comida y se van. Hay muchos presos y en ese retén no hay espacio para que hagan visitas los familiares, ni los curas”, advierte.

Lo compartido por Celeste con el equipo de Una Ventana a la Libertad en el estado Vargas confirma una realidad, con la que coinciden otros familiares, los propios privados de libertad, representantes de las iglesias católica y evangélica y las propias autoridades de seguridad: el hacinamiento y la falta de una infraestructura adecuada, no permite que se haga un trabajo desde la fe para la población de los centros de detención.

“Aquí en el Retén de Caraballeda es muy difícil organizar celebraciones religiosas o visitas, no hay espacio para tanto detenido y tenemos muy pocas celdas. De hecho, hasta la visita de los abogados se nos complica. Eso sí, le agradecemos el apoyo, traen comida, medicina y donaciones de ropa. En algunas oportunidades, algún sacerdote o pastor viene, pero las conversaciones son con grupos reducidos”, relata un custodio, que solicitó la reserva de su identidad.

En el caso del CDP del Cicpc en el Retén de Caraballeda, se estima una capacidad máxima para 40 privados de libertad y actualmente, para marzo 2024, es calculan en 114 hombres.

Así mismo, el funcionario acota, que, aunque libertad religiosa y de culto está consagrada en la Constitución Nacional y es un derecho para cualquier privado de libertad, en los centros de detención preventiva, por lo menos en el ala de hombres del Retén de Caraballeda, no hay cabida para altares o estampitas. “Eso queda para cuando los trasladan a una cárcel o a un recinto penitenciario con todas de la ley. Aquí lo máximo que verás es santos, vírgenes o cruces en tatuajes, pero hasta allí”.

El mismo funcionario confirma, sin embargo, que, en el piso destinado a las mujeres y adolescentes, hay mucha más presencia de figuras religiosas y se permiten visitas, una vez al mes. “En ocasiones pastores cristianos y en otras sacerdotes, diáconos o voluntarios de la iglesia católica. Pero siempre hacen alguna visita”.

Alimentando el alma

“La evangelización en las celdas es algo beneficioso. Servimos de acompañamiento para los hombres y mujeres privados de libertad. Nuestra idea es llevar la palabra de Dios, sembrar su palabra y ser como incentivo para la rehabilitación de estos hermanos. Sin embargo, el espacio de los retenes y su propia dinámica, no permite que nuestras visitas sean constantes”, reflexiona el Diacono Manolo Mosquera, quien organiza la Pastoral Penitenciaria en la Diócesis de La Guaira.

Mosquera explica que en el plan pastoral de la iglesia católica local está esbozado incorporar más visitas en los centros de detención con mayor población, es decir los retenes de Caraballeda y Macuto.

“Por ahora cumplimos con visitas puntales. Les llevamos comida, artículos de higiene personal y la palabra de Dios”, agrega Mosquera.

En el caso del Retén de Caraballeda, dos iglesias evangélicas que hacen vida en la parroquia también se acercan al retén, aunque saben que la disposición de la planta física del centro de detención es poco amable para las actividades que quisieran realizar.

“Esperamos desarrollar un plan de formación integral para los privados, de modo que puedan cambiar su manera de pensar para que cambie su manera de vivir y se cumpla la función de reeducación en una relación armoniosa entre autoridades y privados de su libertad. Debemos rescatar los valores morales hasta la formación de un individuo, que pueda entender su propósito en esta vida, teniendo un cambio de pensamiento con bases bíblicas, no un religioso, sino una persona con esperanza y deseos de tener calidad de vida, lo que le llevará a prepararse y ser cada día mejor”, expone la pastora Sujail Oropeza, que coordina las visitas a los CDP litoralenses.

Oropeza apunta que han presentado un plan a la Secretaria de Seguridad Ciudadana litoralense y a la Delegación Regional del Cicpc, pero que, a pesar de la apertura de las autoridades, aún hay obstáculos para permitir una mayor presencia de líderes espirituales externos, de visita en los retenes. “Dios siempre tiene la última palabra y estamos seguros que permitirá que se den cambios positivos en esos calabozos”, resalta Oropeza.

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