Presos de los CDP carabobeños: “Perdimos nuestra libertad, no nuestros derechos constitucionales, por eso reclamamos”

Presos de los CDP carabobeños: “Perdimos nuestra libertad, no nuestros derechos constitucionales, por eso reclamamos”

Rubén Bolívar Idrogo / UVL Carabobo

Para nadie es un secreto la vida llena de privaciones que llevan los privados de libertad en los Centros de Detención Preventiva (CDP). Sostienen que, aunque han cometido errores en sus vidas y merecen estar encarcelados, “solo perdimos nuestra libertad, no nuestros derechos constitucionales, por eso reclamamos, aunque sabemos el costo de nuestras protestas: tratos crueles, vejaciones, restricciones a las visitas, alimentos y medicinas, respondieron algunos presos a través de sus familiares.

 La protesta es la única arma con que cuentan los reclusos de los cientos que están en, llámese estaciones policiales, comisarías, subdelegaciones (ahora delegaciones municipales) o calabozos en dependencias militares.

 “Nos ganamos nuestro castigo, pero protestando es la única manera de hacernos sentir. Cometí un delito y lo estoy pagando, pero eso no me hace peor que algunos funcionarios que nos tratan como si fuéramos unos perros. Aquí (Subdelegación Las Acacias del Cicpc) tengo casi un año encerrado y no veo luz en mi camino porque no hay administración de justicia justa. El hacinamiento, la sarna y el hambre nos está matando”, relata un recluso.

Reclamación y consecuencias

En fecha reciente, específicamente el 27 de septiembre de 2020, por la publicación de un video de 75 privados de libertad a través de YouTube, rechazando las acusaciones que les hacían los funcionarios de la Subdelegación Cicpc Las Acacias sobre la muerte de un compañero de celda de nombre Jesús Francisco Guerrero Iguaran, de 29 años; quien estaba detenido en desde el 16 de septiembre de este mismo año; los reclusos recibieron un “castigo ejemplar”.

Como represalia por el video que los reclusos de la celda 1 grabaron, y que se hizo viral en las redes sociales, los funcionarios de la policía científica botaron a la calle ropa, sábanas, almohadas, hamacas, entre otras pertenencias, dejando completamente desnudos a los 75 presos en una celda donde cohabitan hacinados porque no hay espacio para tanta gente.

Y eso no es todo, los familiares denunciaron que les dejaban la comida entre las 9:00 y 9:30 de la mañana, pero no se las daban al momento, se las pasaban una, dos, tres o cuatro horas después, cuando algunos alimentos ya estaban dañados. El hambre era tanta que los reclusos se comían los alimentos en descomposición que hasta les causaba diarrea.

 Los parientes de los presos unieron su voz de protesta a la de éstos, y le hicieron un llamado al fiscal general de la República, Tarek William Saab y al comisario general Douglas Rico, director nacional del Cuerpo de Investigaciones, Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) para que tomaran en cuenta la situación de los 75 privados de libertad, primero por la situación precaria en la que viven en ese Centro de Detención Preventiva y segundo, por la acusación por un presunto homicidio colectivo que nunca ocurrió. Sostienen que  Guerrero Iguaran falleció en horas de la madrugada del sábado 27, presuntamente porque no recibió socorro por parte de los custodios.

Sonar los barrotes

Es común escuchar sonar los barrotes y gritar consignas de los privados de libertad exigiendo les respeten sus derechos humanos. En la Policía Municipal Los Guayos y en el Instituto Autónomo Municipal Valencia (Iampoval) es posible oír el golpeteo a las rejas y los gritos tanto de reclusas como de reclusos haciendo peticiones de los derechos que les son cercenados.

“Estamos claros que hay cosas que escapan de las manos de los policías, como es el retardo procesal y del hacinamiento, pero sí son responsables del trato cruel y la violación de otros derechos como es la salud y la alimentación”, sostuvo Amparo Campos, quien tiene un familiar en la Delegación Municipal Las Acacias.

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