Entre los presos de Falcón solo hay ocho casos diagnosticados de VIH-SIDA

Entre los presos de Falcón solo hay ocho casos diagnosticados de VIH-SIDA

El Programa adelantado por la Secretaría de Salud del estado Falcón, se aplica más que todo en la Comunidad Penitenciaria de Coro, pero ha tenido que incluir a algunos centros de detención preventiva que han crecido en número de reos en los últimos años.

Eva Riera

Develar una condición homosexual cuando se está privado de libertad es un riesgo que se puede pagar con el repudio. Igual que ocurre entre la población libre.

Aunque en la cárcel los funcionarios se cuidan de violar los derechos de la población LGBTI, el problema es entre los presos. En su mayoría les hacen burlas y evitan mezclarse con ellos. Así las cosas, los homosexuales y lesbianas optan por crear grupos aparte para cuidarse unos a otros.

Pero están mezclados con la población heterosexual, no tienen celdas diferenciadas.

El estigma de ser portadores del VIH aunado a la falta de educación al respecto, contribuye a la exclusión. Algunos llegan diagnosticados, pero eluden decirlo hasta que su condición de salud pone en evidencia la enfermedad. Como no se les garantiza la privacidad del diagnóstico, al enterarse otros presos los rechazan. 

           El Programa de ITS / VIH – SIDA de la Secretaría de Salud del estado Falcón, se aplica más que todo entre la población penada que alberga la Comunidad Penitenciaria de Coro, pero ha tenido que incluir a algunos centros de detención preventiva que han crecido en número de reos en los últimos años.

           Para un privado de libertad negarse al examen no es una opción. Periódicamente se les toma muestras con carácter obligatorio a la población diagnosticada y a quienes se cuentan entre los sospechosos de portar el virus.

          La vigilancia es constante, pero otros factores pueden influir en la aplicación del tratamiento pues los medicamentos no llegan con regularidad o en cantidad suficiente y a veces no hay disponibilidad de transporte para el traslado a la consulta que se realiza en el Centro Regional de Inmunología Clínica del estado Falcón (CRICEF), situado en la capital falconiana. La Comunidad Penitenciaria de Coro está ubicada en las afueras de la ciudad. El examen no se hace en el penal para tener la garantía de que no hay suplantación de identidad con un preso sano.

          En la Comunidad Penitenciaria de Coro hay diagnosticados siete casos. La fuente, que pidió la reserva de su nombre por no estar autorizado para declarar, aseguró que “la enfermera del penal retira el medicamento en el CRICEF y entrega las dosis a cada portador. En su momento, junto con los guardias, lleva a los presos a consulta. En la Comandancia de Polifalcón, en Coro, se descartaron los casos que había sospechosos. Se tomaron las muestras y resultaron negativos”, aseveró. En cambio, en el retén de Polifalcón situado en Punto Fijo, hay un caso. Un familiar retira el medicamento y lo lleva al centro de detención preventiva, pero no recibe el beneficio de la consulta.

          Hasta hace unos meses, había más casos en la Penitenciaría, pero fueron trasladados a otros penales.

         Al igual que ocurre en instituciones educativas y hospitales, los presos de la Comunidad Penitenciaria de Coro reciben el mensaje de la campaña de prevención contra el VIH-SIDA que adelanta el gobierno nacional.

Egdy Chirino, coordinadora del Centro de Formación y Atención Integral a la Mujer (CAFIN), programa adscrito al Instituto Nacional de la Mujer en el estado Falcón, informó que en la Comunidad Penitenciaria no han trabajado con mujeres con VIH. 

“Sí existen organizaciones de defensa de los derechos de los reos homosexuales, pero no es el caso de las mujeres. Siempre ha habido maltrato hacia ellos en general, no se les tiene aparte, son uno más, pero en el caso de las mujeres como son pocas, hay respeto entre ellas”, indicó. 

            La población homosexual en los centros de detención preventiva tiene semejante trato. Está mezclada con la población heterosexual aunque en grupos de iguales.

            Un joven que salió hace dos meses del Cicpc de Tucacas, y a quien identificaremos como Raúl para proteger su identidad, aseguró que durante los meses que permaneció recluido observó la presencia de al menos 15 homosexuales en un conglomerado de 70 presos.

           “Allí se respeta, a mí no me gusta tener relaciones con alguien del mismo sexo, no puede ser, y no se metieron conmigo. 

 “Ellos le pagan a los funcionarios para que los lleven a las oficinas en una especie de visita conyugal”, dijo Raúl.

Usa el término “especie” porque según las normas, la visita conyugal solo es permitida si se trata de esposos. Generalmente, la población reclusa, entre la que están los homosexuales, cancelan a los funcionarios con alimentos por el favor de permitirles una hora de placer en privado. “Pagan que si con un refresco y un pollo. La mujer lo deja afuera y el PTJ lo agarra, y así”, afirmó Raúl.

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